Mostrando entradas con la etiqueta Australia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Australia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de julio de 2020

In G Minor

Tanto cuando ando de viaje como cuando soy local, me gusta visitar templos. De cualquier culto. No por una cuestión religiosa, sino por el enorme placer que me produce esa interpretación arquitectónica de la fe. Los distintos estilos, las corrientes y las pequeñas historias que guarda cada construcción constituyen un mundo maravilloso aún para un ateo irremediable como yo.
Pero, a veces, las iglesias me generan satisfacciones más allá de lo arquitectónico. Gastronómicas, por ejemplo.
Paseaba por Melbourne en un octubre en el que la primavera no terminaba de despertar. El viento frío de la tardecita despeinaba y sacarse la bufanda nunca estaba en los planes. Vagando cerca del río Yarra me dieron ganas de chusmear la Catedral de San Pablo, de fe anglicana, ahí cruzando la hermosa estación de tren de Flinders Street.
Al entrar, me encontré con el concierto de un pequeño coro. Justo estaba terminando, pero entonces empezó a tocar una vieja que se mandó un solo de órgano increíble, a la altura de la de Los Simpson que interpreta In-A-Gadda-Da-Vida.
Tras el espectáculo de la vieja, alguien dijo por altoparlante que estábamos todos invitados a bajar al subsuelo a comer. Me tentó, pero me pareció medio ladri aprovecharme de los recursos del Arzobispado de Melbourne para zafar una cena. Pocos segundos después, me convencí de todo lo contrario. Era una idea genial.
Bajé y llegué a un pequeño buffet, lleno de inmigrantes asiáticos. Me ubiqué en una mesa y enseguida pasó una señora sirviendo fideos con pollo y arroz con jardinera. Al lado tenía sentado a un inmigrante iraní, que me explicó que el coro formaba parte de unas clases de inglés para extranjeros que daban en la iglesia y que la cena era para ellos, pero también era abierta a la comunidad así que todo bien con que yo estuviera ahí.
Aún así, me sentí un poco incómodo cuando Neville, el voluntario australiano que tenía sentado enfrente, me preguntó si había participado de la clase. "Vi luz y entré" le dije, aunque con palabras más elegantes. Igual, se copó y nos quedamos charlando sobre las diferencias entre anglicanos y católicos.
Bueno, como les decía: entren a las iglesias.

lunes, 29 de abril de 2019

Invasion Day

Era pequeña, superaba por muy poco el metro de altura. Entró al local y se sostuvo sobre sus canillas flacas mientras echaba una mirada. El brillo pícaro de sus ojos apenas tapaba el dolor de siglos de violencia y explotación sufrido por su gente.
Caminó hasta la parte de los juguetes y eligió un arco y varias flechas con una sopapa en la punta.
- ¿Cuánto sale esto? - me preguntó.
- 16.
Sin que la decepción ensuciara su rostro, dejó lo que había agarrado y tomó dos autitos que esperaban estacionados en una caja de plástico.
- ¿Y esto?
- 11.
Dio media vuelta y los puso donde estaban. Miró otra vez la góndola y me trajo una pequeña bolsa de red con un puñado de bolitas.
- Eso está 7,50 - le dije.
Contó las monedas en su mano, sacudió la cabeza y dejó la bolsita en su lugar. Sus ojos se posaron en el mostrador, donde estaban las golosinas.
- Esto - dijo mientras agarraba un chupetín con un envoltorio de colores chillones. Era una afirmación, no una pregunta.
- 4,50.
Por primera vez sonrió, en una expresión triunfal. Me dio el importe justo y se fue a disfrutar de ese ratito de dulzura entre tanta injusticia.

jueves, 7 de febrero de 2019

Burbujas

- ¿De dónde sos?
- De Argentina
- Ah, ¿y de dónde en Argentina?
- Buenos Aires, la capital.
- "La ciudad de los ángeles", ¿no? ¿está lleno de estatuas de ángeles?
- Ehh, no...
- ¿No es ahí donde hacen esos desfiles coloridos en la calle todo el tiempo?

La señora no tenía idea de Buenos Aires. Me hizo pensar en cuánta gente andará por ahí sin saber de la existencia de esa ciudad que muchos amamos y vemos tan parecida a París... y al revés, lo mismo: ¿de qué nos estaremos perdiendo?

martes, 4 de diciembre de 2018

Jugar al amigo invisible en Australia

- Vamos a jugar a Secret Santa, ¿te sumás?
- Dale, ¿cómo es?
- Escribimos nuestros nombres en un papel, sacás uno y a la persona que te toca le tenés que regalar algo en Navidad.
- Ah, sí, nosotros tenemos lo mismo pero le decimos "amigo invisible".
Después de un tiempo vería que no era tan lo mismo. Una vez definidos todos los participantes, hicimos la repartija. Me tocó Mel, una chef oriunda de un pueblito bien al Sur de Nueva Zelanda y fanática del rugby.
Con un techo de veinte dólares para gastar, podíamos hacer uno o varios regalos. Acá vi la primera diferencia: en lugar de ir dejando pistas sobre nuestra identidad hasta el momento de la entrega final, había que poner los presentes en una caja habilitada para ese fin, que además venía con papel para envolver.
Cuando hago un regalo, me gusta que sea algo útil. Mel venía hablando hacía rato de su próximo viaje a Canadá y Alaska. Pensé que iba a necesitar abrigo y que seguramente se iba a tener que comprar, porque donde estábamos el termómetro nunca bajaba de treinta grados y nadie tiene gorros de lana ni guantes. Así que en lo que fue mi primera compra por eBay, pedí una bufanda de los All Blacks.
Tras el almuerzo navideño, llegó la ceremonia de entrega. Otra diferencia: en vez de que los paquetes se entregaran personalmente, cada uno agarraba de la caja el suyo y listo. No importaba el autor de cada regalo, que permanecía en total anonimato.
Algunos recibieron chucherías y otros, cosas útiles. Yo, un super copado juego de cubiertos, con mangos con la forma de los sables láser de Star Wars. Un excelente regalo porque siempre andaba usando unos cuchillos de plástico, como esos que te dan en los locales de venta de comida al peso.
Un par de días después quise averiguar quién me los había dado, pero me quedé con la intriga porque había más hermetismo que en un cónclave cardenalicio. Se ve que es parte de los códigos del juego.
Pero sí me sentí bien y tuve la satisfacción de haberla pegado luego de unos meses, cuando Mel subió fotos de sus vacaciones. Ahí mostraba cómo desafiaba al frío del norte con la bufanda de los All Blacks que le había regalado su Secret Santa.

domingo, 8 de julio de 2018

De película: en Australia, un cine centenario bajo las estrellas



Ir al cine en otro país siempre es una experiencia enriquecedora. Algo conocido pero que a la vez tiene pequeñas diferencias de acuerdo a la cultura local. Mucho más si vamos al Sun Pictures, el cine a cielo abierto más antiguo y aún en funcionamiento del mundo.

La localidad de Broome, con 14.000 habitantes, es el mayor centro poblado de la región de Kimberley, en el noroeste australiano. Nació a fines del siglo XIX como puerto perlero y pronto atrajo a inmigrantes asiáticos dispuestos a sumergirse en las profundidades para extraer esos blancos tesoros del mar.

La elite de origen británico decidió que necesitaba un entretenimiento para sobrellevar el difícil clima tropical. Así, en diciembre de 1916 se proyectaba Kissing Cup, película muda que inauguraba este cine con capacidad para 500 personas. Parte del recinto estaba bajo techo, pero la mayoría se sentaba bajo las estrellas.

En 2004, Sun Pictures ingresó al Libro Guinness de los Récords por ser el Cine a cielo abierto más antiguo en funcionamiento. Hoy, proyecta dos películas por día y goza de excelente salud.



La estación húmeda de Broome, que va de octubre a marzo, estaba llegando a su fin, pero el aire aún se sentía pesado y el calor sofocaba. En esa época del año, el día se pasa esperando a que anochezca y sea un poco más fácil respirar. De pronto, sonó el teléfono y un mensaje de una compañera de trabajo (donde yo hacía entonces una experiencia de work and holiday) cortó el sopor de la tarde: "¿Vamos al cine?".

Llegamos media hora antes del comienzo de Operación Red Sparrow, con Jennifer Lawrence poniéndole el cuerpo a una espía rusa. Tras la puerta, un pequeño museo daba la bienvenida. De las paredes de chapa canaleta, típicas de Broome, colgaban pósteres de películas clásicas. Proyectores y butacas de tiempos de la fundación completaban el rincón nostálgico.

Unos pasos adelante, el cine. Un terreno largo, de unos 40 metros. Poco menos de la mitad, techados. El resto, a cielo abierto, con los asientos sobre el piso de ladrillos rojos. Al fondo, justo antes de la gran pantalla, un jardín con pasto.



Sun Pictures acompañó las idas y venidas de Broome. Fue testigo de cómo hasta 1967 la segregación racial determinaba quién se sentaba dónde. Los blancos de clase alta se ubicaban en el medio, en sillas con almohadones. Chinos y japoneses detrás, en asientos de madera. Blancos pobres a la izquierda y aborígenes y otros asiáticos a la derecha, tras un cerco.



Cuando Broome fue bombardeada por los japoneses en la Segunda Guerra, el cine fue utilizado por los soldados australianos enviados a defender las costas. Y hasta 1974, las inundaciones por la marea eran algo de todos los días. Un terraplén solucionó el problema y los tiempos de mirar una película con peces nadando entre los pies quedaron atrás.

Era un martes de temporada baja así que la concurrencia no llegaba a las cincuenta personas. Mientras el olor a pochoclo del puestito de comida empezaba a colmar el ambiente, nos sentamos en el pasto, bien cerca de la pantalla. Grave error: el jardín era territorio de los mosquitos y en menos de un minuto ya se habían dado una panzada con nuestra sangre.

Terminamos eligiendo una ubicación por el medio, sin techo. Justo lo que buscábamos. Las butacas eran reposeras de madera con asientos de lona, inclinadas en un ángulo muy cómodo.

La película terminó, algunos aplaudieron (no entiendo por qué la gente hace eso en el cine) y lentamente abandonamos el recinto, felices de disfrutar una película bajo el oscuro cielo de Broome.


https://www.lanacion.com.ar/2150640-en-el-lejano-oeste-de-australia-un-cine-centenario-bajo-las-estrellas

jueves, 10 de mayo de 2018

Rottweilers



Esos son los tachos de basura doméstica en Australia: tapa verde, residuos de jardín y desechos orgánicos como para hacer compost; tapa azul, basura común, no reciclable; tapa amarilla, reciclables. Los colores cambian según la autoridad local.

El azul es de 140 litros y los otros dos de 240, para de alguna manera fomentar que se genere menos basura.

Generalmente esos tachos están afuera de las casas y adentro tenés el tacho de todos los días.. cuando se llena o cuando es el día de recolección lo vaciás en el tacho de afuera correspondiente.

Entonces, según la zona, hay un día de recolección.

Supongamos que en tu casa es los miércoles. Así que los martes a la tardenoche todos sacan los tachos a la vereda, orientados hacia adelante y separados entre sí por un metro.

Al tacho azul se lo llevan todos los miércoles; y a los otros dos, semana de por medio alternadamente.

Viene el camión, sale el brazo mágico mecánico, agarra el tacho, lo vacía en la parte de atrás y lo vuelve a dejar en la vereda.

Cuando el buen ciudadano vuelve del laburo el miércoles a la tarde, encuentra los tachos ya vacíos y los pone de nuevo al costadito de su casa para una nueva semana de su vida de humano generador de basura.

Este pequeño ritual, además, te da la pauta de cuán rápido pasa el tiempo y de lo efímero de la existencia... "¿Otra vez hay que sacar la basura? ¡Cómo se me pasó esta semana!"

jueves, 13 de julio de 2017

La chispa del cambio social


The Sparkke Change, una empresa australiana fundada y llevada adelante por mujeres, imprime en sus latas frases para hacer visibles problemáticas sociales y promover debates. ¿Podría hacerse en Argentina?

Antes que nada, esto es no es una publinota. No recibo un peso por esto sino que me pareció interesante contar sobre esta empresa australiana para que alguien recoja el guante y pueda adaptar la idea a la Argentina. Sin dudas hay lugar para algo así en el creciente mercado de la cerveza.

¿De qué se trata? The Sparkke Change, una compañía australiana de bebidas alcohólicas, incluye en sus latas frases para visibilizar distintos problemas sociales y dona el 10% de sus ingresos a organizaciones que luchan por esas causas. Cada frase corresponde a una bebida distinta y está impresa en letras bien grandes en cada lata.

La empresa vio la luz a finales de 2016 con una venta inaugural a través de la plataforma online Pozible. Allí ofrecían cuatro variedades de bebidas y se presentaban como un grupo de mujeres compuesto por jóvenes activistas sociales de diversas orientaciones, orígenes e historias. Trabajan de manera horizontal, en contraposición al atomizado mercado cervecero australiano, dominado por unas pocas grandes compañías y con una abrumadora mayoría masculina.


Actualmente, las bebidas que venden son seis:

"Consent Can’t Come After You Do" (El consentimiento no puede venir después de que lo hacés), una sidra que refiere al consentimiento sexual y busca poner freno a distintas excusas que intentan maquillar una violación.

"Change the Date" (Cambien la fecha), cerveza pilsener que apoya el reclamo de los pueblos aborígenes australianos sobre la fecha del Día de Australia, celebrado cada 26 de enero por la llegada en 1788 de les primeres colones ingleses a lo que hoy es Sidney. Sin embargo, de manera similar al 12 de octubre en Hispanoamérica, la fecha es considerada por les aborígenes como el comienzo del exterminio de su pueblo y cada año crece el número de manifestaciones en contra de esta celebración.

"Nipples are Nipples" (Pezones son pezones), una limonada alcohólica que pone sobre la mesa la problemática de la desigualdad de género. En las redes sociales, los pezones femeninos son censurados mientras que no sucede lo mismo con los masculinos, como una forma entre tantas de discriminación. En ese aspecto se apoya la bebida para denunciar las enormes desigualdades que persisten entre hombres y mujeres.

"Boundless Plains to Share" (Ilimitadas planicies para compartir), una cerveza de jengibre con alcohol que cita a uno de los versos del himno nacional australiano, que hace referencia a la apertura del país a la inmigración. Sin embargo, la ironía que pone de relieve el producto es la enorme cantidad de trabas que el gobierno pone a la llegada de refugiades.

"Say I Do" (Decí acepto), vino espumante que apoya la causa del matrimonio entre personas del mismo sexo, una conquista alcanzada en Argentina pero que sigue siendo una deuda en la mayoría de los países del mundo.

"What's Planet B?" (¿Cuál es el planeta B?), cerveza IPA que mediante un pequeño juego de palabras intenta concientizar sobre el cambio climático: recordar que sólo tenemos un planeta y es deber de todos cuidarlo, además de exigir a las grandes potencias que lo hagan.

Ideas nuevas, problemas viejos

Kari Allen, una de las cofundadoras, es una mujer de amplia sonrisa y ojos brillantes, que refulgen aún más cuando habla de The Sparkke Change, su creación. Sin embargo, no se adjudica ningún logro y siempre habla en plural.

"El nombre del emprendimiento viene de la palabra spark (chispa) y la frase ‘spark a conversation’ (iniciar una conversación)" explica y agrega que "ya que el alcohol siempre está presente en reuniones y charlas, queríamos buscar una forma de poner temas sociales sobre la mesa y que formen parte de las conversaciones".

"Sentíamos que la industria cervecera no estaba llegando a cierto grupo de jóvenes, gente con ideas nuevas y mente abierta que buscan nuevos valores en las marcas que consumen: autenticidad, igualdad, inclusividad. Además, también quieren bebidas de calidad. Vimos la oportunidad en el mercado y decidimos crear una compañía ética sobre una plataforma de cambio social positivo para llegar a ese público. Esto nos permite alinear lo que hacemos con nuestros valores, de manera que podamos ser el disparador de conversaciones sobre ciertos temas y al mismo tiempo apoyar esas causas", dice Kari con entusiasmo.

Parte de sus ingresos se destinan a organizaciones que luchan por las causas que apoyan en sus latas. ¿Cómo eligen a quién darle el dinero?

El 10% de nuestras ventas directas y el 4% de las ventas a través de terceros van a distintas organizaciones. Lleva tiempo elegirlas porque hacemos una investigación exhaustiva y largos debates en el equipo para saber si estamos alineados en nuestras ideas y valores.

¿Y cómo seleccionan las causas a apoyar?

Uf, hay tantos problemas sociales a los que queremos poner atención... lo que hicimos en un principio fue sentarnos y compartir los conflictos que nos afectaban mayormente. Nos preguntamos: ¿qué nos gustaría cambiar? Así, surgieron la desigualdad de género en todas sus manifestaciones, el tema del Día de Australia, la deportación de refugiados y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Básicamente, todo lo que vaya en contra de una sociedad igualitaria. La lista sigue, y a medida que vayan saliendo nuevos productos van a ir viendo la luz nuevos temas. Hace poco sacamos una cerveza con un mensaje sobre el cambio climático. Cada causa tiene una investigación atrás que resumimos en un documento. Queremos iniciar conversaciones desde una posición informada así que revisamos todos los hechos antes de decidir dar nuestro apoyo. Muchas veces, estos documentos son producidos junto a la organización a la que donamos un porcentaje, porque después de todo son los expertos en cada tema.





Mujeres y disrupción

Son un equipo de mujeres. ¿Esto es una decisión política/corporativa o simple coincidencia? ¿Aceptan hombres en sus filas?

Somos un equipo de mujeres tratando de irrumpir en una industria dominada por hombres, así que tiene sentido que sea un grupo enteramente femenino. Pero tenemos importantes colaboradores masculinos y nunca diríamos que no a alguien simplemente por su género si tienen lo que buscamos para nuestro emprendimiento. Como vayamos creciendo, gente de todos los géneros, orientaciones sexuales, etnias y culturas es bienvenida a ser parte de nuestra familia.

En esto de irrumpir, ¿qué reacciones vieron en la gente por lo que hacen?

Usamos alcohol para promover igualdad en diversas facetas de la sociedad y eso atrajo atención, tanto de manera positiva como negativa. Tenemos que aceptar que siempre va a haber una audiencia que se maneja con negatividad en las redes sociales: les famoses trolls y haters. Pero la mayoría son personas genuinas expresando su apoyo o transmitiendo distintas miradas. De nuestro lado promovemos este debate y nos encanta, siendo que nuestro objetivo es iniciar conversaciones sobre temas sociales en el contexto que sea. En cuanto a las bebidas, la gente está sorprendida de que podamos ofrecer un producto serio y de calidad y al mismo tiempo generar conciencia y fondos para causas sociales. Estamos felices de probar que algo así es posible.

¿A qué dificultades se enfrentaron?

Probablemente la mayor barrera sea el sistema del negocio cervecero. Les distribuidores y proveedores a veces parecen tenerle miedo a nuestra marca. Pero con el tiempo vamos a ir creciendo y a aumentar la demanda de los consumidores, porque el tema es que lo que ofrecemos es bueno y merecemos verdadera consideración. Sabemos que no vamos a poder convencer a todo el mundo y que no siempre vamos a estar en lo correcto. Pero somos transparentes y estamos irrumpiendo en una industria blanca y masculina como la cervecera, que mueve cuatro mil millones de dólares australianos (tres mil millones de dólares estadounidenses) al año pero que a nuestro parecer necesita nuevos puntos de vista y acercarse de manera más responsable al público. Así que estamos en eso.

Mientras despedía a Kari, pensaba que en Argentina no está muy extendida esa cultura de la latita o el porrón que vemos en tantas series y películas. Sin embargo, me imaginé yendo a una cervecería donde las pintas tengan escritas consignas como Ni una menos o Aborto legal, seguro y gratuito. Eso solo no va a cambiar el mundo, pero sí puede ser el disparador de charlas que ayuden a cambiar las realidades de esos temas. ¿No sería interesante?

jueves, 11 de mayo de 2017

Marcelo Carrusca: “Me quedaría a vivir en Australia”

Su pegada y su lectura del juego convirtieron al Chelo Carrusca en uno de los referentes de Adelaide United, uno de los diez equipos que compiten en la la liga australiana. Con 33 años, está tan cómodo en el país de los canguros que está por hacerse ciudadano y quiere que sus hijos tengan un futuro allí.





Cuando uno piensa en el fútbol de Australia, viene a la mente el polémico penal cobrado contra su selección frente a Italia en los octavos de final del mundial 2006. Y no mucho más. Pero en la liga de ese país tan exótico para nosotros, se destaca hace tiempo un jugador formado en Estudiantes: Marcelo Carrusca.

El Chelo llegó al Adelaide United en 2012 tras su paso por San Martín de San Juan. Rápidamente se convirtió en figura y uno de los líderes del plantel que se coronó campeón de la Copa Australiana en 2014 y de la liga en 2016. Además, tiene su academia donde vuelca un poco de fútbol sudamericano en chicos en edad escolar. "Estoy muy contento acá después de casi cinco años, el mes que viene rindo examen para ser ciudadano australiano. Mi contrato el club termina en junio, vamos a ver qué pasa después" explica sobre su presente en Oceanía y agrega: "Adelaide es una ciudad muy linda para vivir, un país también muy bueno donde tuve la suerte de conocer mucha gente y muchos amigos. Mi señora disfruta día a día, mis hijos también, el más grande va al colegio; si bien uno nunca sabe las vueltas de la vida, siempre pensando en ellos creo que el futuro está más acá que en Argentina".

¿Cómo es el club? ¿Qué diferencias hay con Argentina?
Es diferente, ya de por sí es otra cultura totalmente distinta, obviamente no tenés la calidez del vestuario de Argentina ni mucho menos. No está el mate multitudinario a la mañana en el vestuario, pero tomo con otro así que somos dos, no me puedo quejar. En cuanto a lo futbolístico la liga está creciendo, no está al nivel del fútbol argentino pero está progresando mucho, cada vez están trayendo mejores jugadores y se juega mejor. Han venido técnicos extranjeros, sobre todo en los últimos años, que cambiaron un poco la idea de juego y lo hicieron crecer en jerarquía. Los extranjeros en el club son dos españoles, un senegalés, un italiano y yo. Hay muy buena relación, hablamos en español todo el tiempo y eso facilita las cosas. En líneas generales, el australiano es un jugador muy físico, son bastante dotados físicamente, técnicamente están mejorando mucho por eso hay muchos chicos que se están yendo a jugar a Europa, lo que antes no pasaba. El déficit que tiene este país es que no se invierte mucho en el desarrollo del jugador, por eso no salen tantos talentos. Hay jugadores buenos y la selección tiene un equipo aceptable pero podría ser mucho mejor si se invierte en inferiores.

La A-League
La liga australiana está compuesta por diez equipos que juegan una etapa regular de tres rondas todos contra todos, un total de 27 fechas. Luego, algo poco usual en el fútbol: los seis mejores pasan a las series finales. Allí se enfrentan el tercero con el sexto y el cuarto con el quinto. Los ganadores pasan a semifinales contra el primero y segundo y luego la gran final. No hay descensos. La liga otorga dos plazas para la Champions League asiática: al primero de la fase regular y al ganador de la final. Otra curiosidad del torneo es que se juega en verano, para no disputarse el público con los grandes deportes de invierno del país: fútbol australiano y rugby.
El Adelaide United de Carrusca fue campeón en la temporada 2015/2016, cuando le ganó la final al Western Sydney Wanderers por 3 a 1 ante 50.119 personas. Sin embargo, en la temporada siguiente tuvo un andar errático por la liga, perdió en primera ronda de la Copa Australiana y fue eliminado en fase de grupos de la Champions asiática.
¿Qué pasó entre una temporada y otra?
Pasaron muchas cosas. Primero, se vendió prácticamente a la mitad del equipo y trajeron jugadores que no se adaptaron rápido al sistema con el que jugamos. Otra cosa fue que jugamos la Champions por primera vez en más de diez años. Fue todo nuevo: viajar entre semana, jugar en China, llegar el sábado, jugar el domingo en Sídney, volver a viajar para Corea y jugar el martes allá, de vuelta a Australia y jugar el fin de semana... fueron dos competencias para las que el grupo no estaba preparado, no teníamos ni la cantidad ni la calidad para afrontar dos competiciones y eso fue lo que nos costó hacer un mal papel en la liga y quedar afuera de la Champions.
Se fue el técnico español Guillermo Amor y se habló mucho de que podía llegar Batistuta como técnico, ¿qué se sabe de esto puertas adentro?
Sí, se habla muy serio sobre que se está hablando con Batistuta, dicen que hay un porcentaje muy alto de que venga, pero hasta que no lo vea acá no lo voy a creer.

El fútbol argentino
¿Seguís al fútbol de nuestro país?

Poco, partidos enteros sólo miro de Estudiantes. Del resto, nada más los resúmenes, o si algún día no entreno a la mañana engancho algún partido, pero por el tema del horario se complica muchísimo. Me da lástima pero obviamente sigo los resultados y estoy al tanto de lo que va pasando.
¿Cómo ves la situación en la AFA?
Es triste porque no se está cuidando al futbolista. Creo que el hecho de que no vengan los triunfos a nivel nacional tiene mucho que ver con la desorganización que hay en la AFA. Esperemos que pronto lo tome gente más responsable y empapada de fútbol como puede ser Verón el día de mañana, gente más capaz que pueda ponerse más del lado del jugador de fútbol.
¿Y a la selección?
Creo que tenemos los mejores jugadores del mundo hoy en día y lamentablemente no podemos culminar con un campeonato ninguna competición. Es difícil de explicar, mismo los jugadores no encuentran la razón de por qué no se les da. Pienso que tienen que seguir trabajando de la misma manera con los jugadores que hay y el aporte de figuras que están surgiendo como Dybala o Rulli, chicos más jóvenes que le van a dar más calidad al equipo.
Hablando de la selección, fuiste campeón sudamericano sub-20 y compartiste equipo con Tevez y Mascherano. ¿Por qué creés que no jugaste en la mayor?
Nunca lo pensé pero la verdad es que lamentablemente tuve muchas lesiones que me impidieron tener una continuidad en mi carrera, creo que esa fue una de las causas. No fui lo suficientemente bueno para llegar a la selección donde hay muchos jugadores de jerarquía, son períodos que uno tiene. Creo que tuve buenos momentos en Argentina cuando era chico, pero a los 22 me fui a Turquía, no jugué mucho y eso te saca de la visión del seleccionador, es normal. Ojo, no es excusa tampoco, quizá no fui suficientemente bueno para tener chance en la mayor.

Carrusca Football Academy
"Empecé el año pasado con esta idea con otro argentino: una academia de fútbol para pibes de seis a doce años. Sólo trabajamos en colegios, con chicos de primaria donde hacemos lo que en Argentina sería una materia extracurricular. Acá salen de la escuela a las tres de la tarde y generalmente los padres terminan de trabajar a las cinco, entonces dejan a los chicos en alguna actividad en el colegio. Ahí es donde entramos nosotros, hacemos sesiones de fútbol a nuestro estilo, todo con pelota, sin hacerlos correr mucho como acá generalmente hacen. La verdad es que tuvimos bastante éxito" cuenta entusiasmado el Chelo sobre su proyecto.
La idea es aportar un granito de arena al crecimiento del deporte en el país: "El fútbol, que acá le dicen soccer, es el deporte que más se juega hoy en día en Australia. Antes era algo impensado, pero hace cinco o diez años atrás empezó a cambiar todo. El fútbol australiano (una mezcla de fútbol y rugby en una cancha ovalada) se está dejando de jugar porque es un deporte muy agresivo y con muchas lesiones, entonces los padres para evitar eso se vuelcan al soccer. Está creciendo también la cultura del fútbol, nosotros salimos campeones el año pasado con el estadio lleno, 50 mil personas, algo que en Australia nunca se vio. Me pone contento que los pibes estén más inclinados a nuestro fútbol".
Con este proyecto, estás echando raíces en Australia...
Creo que sí, es un país más completo, ahora con familia lo veo de otra manera. En Turquía la pasé bien, Estambul es una ciudad hermosa y me encantó pero no tenía hijos y lo pensaba de otra forma. Ahora con hijos pienso en ellos y su futuro, entonces cuando ves que viven muy tranquilos, que hablan dos idiomas, que no hay inseguridad, me lleva mucho a pensar en seguir viviendo acá.
¿Y si se diera la posibilidad de volver a Estudiantes?
Creo que sería el único lugar que me generaría la duda sobre volver. Pasé muchos años de mi vida en ese club, mi infancia y adolescencia entrenando en el country y jugando. Ahora que están por terminar el estadio de 1 y 57 siempre a uno se le pasa por la cabeza pero es difícil, tienen que pasar muchas cosas, en este momento no lo pienso pero la ilusión siempre está. Vivo el presente, trato de ser positivo con lo que pasa, si es volver a Argentina está bien, si es quedarme acá está bien. Pienso mucho en mis hijos y su futuro y son muchas cosas las que tengo que poner en la balanza si tengo que volver a Argentina.