Tuve la oportunidad de visitar el mercadito chino del barrio de un amigo. Y a diferencia de los chinos de la vuelta de mi casa, estos se habían integrado, en pequeños detalles, a la sociedad argentina.
Pero quiero mencionar sólo al más importante de ellos: el chino de la caja nos cobró $22,50 y, al recibir un billete de 50, nos preguntó si teníamos cincuenta centavos, tal como hacen los comerciantes connacionales.
Enorme diferencia con "mis" chinos, que con tal de reducir al mínimo el contacto con el cliente, aunque sea verbal, te dan vuelto aunque le pagues con quinientos euros.
Una muestra del ímpetu de integración de algunas gentes, y de la oriental mala onda de otros.
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domingo, 12 de diciembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
Salacachussets
Creo que de tanto ir a los chinos, estoy mejorando mi comunicación con ellos en su extraño lenguaje híbrido.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Ventanja naranja
¿Cómo puede ser que la hija de puta que estaba adelante mío en la cola de la caja de los chinos pagara 11 mangos y pico con monedas de 25 centavos? ¿y que su colega en la hijaputez, la cajera, se pusiera a contarlas con la parsimonia de un monje? ¿ya lo puedo decir, o faltan más pruebas? No, ya está, lo digo: el mundo está complotado en mi contra.
lunes, 30 de agosto de 2010
Caradura o polizón
A veces compadezco a los flacos que laburan en distribuidoras y tienen que atender a los supermercados chinos, donde los amigos orientales se hacen los boludos, los que no entienden nada, y les complican la vida descaradamente.
jueves, 11 de febrero de 2010
Arándanos
a) Me parece genial la idea de integrar al inmigrante, pues somos un país donde quién más, quién menos, tiene algún pariente que se bajó de un barco. No obstante, me pareció ridículo oír hace un rato, en los chinos de acá a la vuelta, cómo una vieja del barrio le manifestaba cuánto calor tenía al asiático cajero, además de contarle luego que le encanta el fiambrín y que lo iba a comer mirando la tele con el ventilador prendido.
Las exageraciones nunca fueron buenas.
b) Otra cosa que me inquieta últimamente, es la persistencia de los periodistas que llevan adelante las transmisiones del balompié local por la Televisión Pública en decir que los minutos se "recuperan" al final de cada tiempo. El reglamento en su idioma original habla en su Ley 7 de "allowance for time lost", algo así como un tiempo de descuento en relación a los minutos en que el balón no estuvo en juego. Sí, todo resultaría ser una mera cuestión semántica, o de traducción.
Sin embargo, parece haber una fuerte bajada de línea que hace que todos banquen ese modelo de minutos que se recuperan e insistan con ello hasta el cansancio. "Los minutos se recuperan porque se habían perdido cuando el fútbol estaba en manos del monopolio", habría dicho la Mandamás. Vaya uno a saber.
Las exageraciones nunca fueron buenas.
b) Otra cosa que me inquieta últimamente, es la persistencia de los periodistas que llevan adelante las transmisiones del balompié local por la Televisión Pública en decir que los minutos se "recuperan" al final de cada tiempo. El reglamento en su idioma original habla en su Ley 7 de "allowance for time lost", algo así como un tiempo de descuento en relación a los minutos en que el balón no estuvo en juego. Sí, todo resultaría ser una mera cuestión semántica, o de traducción.
Sin embargo, parece haber una fuerte bajada de línea que hace que todos banquen ese modelo de minutos que se recuperan e insistan con ello hasta el cansancio. "Los minutos se recuperan porque se habían perdido cuando el fútbol estaba en manos del monopolio", habría dicho la Mandamás. Vaya uno a saber.
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