- Vamos a jugar a Secret Santa, ¿te sumás?
- Dale, ¿cómo es?
- Escribimos nuestros nombres en un papel, sacás uno y a la persona que te toca le tenés que regalar algo en Navidad.
- Ah, sí, nosotros tenemos lo mismo pero le decimos "amigo invisible".
Después de un tiempo vería que no era tan lo mismo. Una vez definidos todos los participantes, hicimos la repartija. Me tocó Mel, una chef oriunda de un pueblito bien al Sur de Nueva Zelanda y fanática del rugby.
Con un techo de veinte dólares para gastar, podíamos hacer uno o varios regalos. Acá vi la primera diferencia: en lugar de ir dejando pistas sobre nuestra identidad hasta el momento de la entrega final, había que poner los presentes en una caja habilitada para ese fin, que además venía con papel para envolver.
Cuando hago un regalo, me gusta que sea algo útil. Mel venía hablando hacía rato de su próximo viaje a Canadá y Alaska. Pensé que iba a necesitar abrigo y que seguramente se iba a tener que comprar, porque donde estábamos el termómetro nunca bajaba de treinta grados y nadie tiene gorros de lana ni guantes. Así que en lo que fue mi primera compra por eBay, pedí una bufanda de los All Blacks.
Tras el almuerzo navideño, llegó la ceremonia de entrega. Otra diferencia: en vez de que los paquetes se entregaran personalmente, cada uno agarraba de la caja el suyo y listo. No importaba el autor de cada regalo, que permanecía en total anonimato.
Algunos recibieron chucherías y otros, cosas útiles. Yo, un super copado juego de cubiertos, con mangos con la forma de los sables láser de Star Wars. Un excelente regalo porque siempre andaba usando unos cuchillos de plástico, como esos que te dan en los locales de venta de comida al peso.
Un par de días después quise averiguar quién me los había dado, pero me quedé con la intriga porque había más hermetismo que en un cónclave cardenalicio. Se ve que es parte de los códigos del juego.
Pero sí me sentí bien y tuve la satisfacción de haberla pegado luego de unos meses, cuando Mel subió fotos de sus vacaciones. Ahí mostraba cómo desafiaba al frío del norte con la bufanda de los All Blacks que le había regalado su Secret Santa.
martes, 4 de diciembre de 2018
jueves, 29 de noviembre de 2018
Orguyo
- Si la extrañás tanto, ¿por qué no le escribís?
- No, ¿cómo le voy a escribir yo? Si me cortó ella... quedo como un pesado, un denso, un chabón que no entendió que no quiere estar más conmigo.
- No sé bien cómo funciona, pero a lo mejor espera una reacción tuya. Si vos te quedás en el molde, de alguna forma es como que le confirmás su decisión.
- ¿Y qué le digo? ¿"Hoy escuché esa canción que me hizo acordar a vos"? ¿"Me tomé el 39 y se me vino a la cabeza esa vez cuando..."? ¿"Te extraño"? No hay forma de escribirle sin sentirme un gil.
- Mmmmm bueno no sé si ser tan empalagoso de una o apelar a la memoria emotiva... podés probar con un "¿cómo estás?", iniciar una conversación.
- Si fuera como en las películas, zarpado. Le escribo eso, arrancamos a hablar, se da cuenta de que en realidad me quiere, me dice de estar juntos de nuevo, me hago el difícil por cinco minutos y volvemos a como estábamos antes. Pero me va a clavar el visto o me va a contestar con algún emoji como para dar por cerrada la conversación y listo. No voy a abrirle mi corazón de nuevo para que lo pisotee.
- Ja, ja, tanto amor por el drama... para mí no perdés nada. No flashes tanta historia. Arrancá con un "Hola" y vas viendo.
- No. Posta. Si quiere algo, que escriba ella.
- Amiga, no sé si hice bien en dejarlo.
- ¿Por qué dudás ahora? Decías que no estabas segura de si lo querías, que no querías tenerlo ahí enganchado si vos no sabías qué hacer... ¿no será simplemente culpa?
- Sí, pensé que quizá fuera culpa pero no sé. Sigo sin estar segura pero también me doy cuenta que lo extraño. Será por algo, ¿no? Las charlas, cómo me abrazaba, tomar mate en el balcón...
- Bueno, entonces escribile.
- Ay no, va a pensar que soy una loca que lo deja, le escribe de nuevo...
- Bueno si te sentís así a lo mejor dejarlo fue un error. La gente se equivoca, no está mal que lo reconozcas. Mandale un "Hola cómo estás" para romper el hielo y fijate qué onda.
- ¡No! Aparte, ¿qué le pongo? "Hola, soy la chiflada que te dejó la semana pasada porque no sabía qué quería, resulta que ahora te quiero pero andá a saber qué vaya a pasar la semana que viene". De verdad lo extraño pero no sé. Me da vergüenza. Seguro que en estos días me escribe así medio casual, ahí aprovecho para seguirle la conversación y vemos para dónde vamos.
- Esto no es una comedia romántica, es la vida real. Si lo querés ver, si lo extrañás, es mucho más fácil: se lo hacés saber y listo.
- No. Posta. Si quiere algo, que escriba él.
- No, ¿cómo le voy a escribir yo? Si me cortó ella... quedo como un pesado, un denso, un chabón que no entendió que no quiere estar más conmigo.
- No sé bien cómo funciona, pero a lo mejor espera una reacción tuya. Si vos te quedás en el molde, de alguna forma es como que le confirmás su decisión.
- ¿Y qué le digo? ¿"Hoy escuché esa canción que me hizo acordar a vos"? ¿"Me tomé el 39 y se me vino a la cabeza esa vez cuando..."? ¿"Te extraño"? No hay forma de escribirle sin sentirme un gil.
- Mmmmm bueno no sé si ser tan empalagoso de una o apelar a la memoria emotiva... podés probar con un "¿cómo estás?", iniciar una conversación.
- Si fuera como en las películas, zarpado. Le escribo eso, arrancamos a hablar, se da cuenta de que en realidad me quiere, me dice de estar juntos de nuevo, me hago el difícil por cinco minutos y volvemos a como estábamos antes. Pero me va a clavar el visto o me va a contestar con algún emoji como para dar por cerrada la conversación y listo. No voy a abrirle mi corazón de nuevo para que lo pisotee.
- Ja, ja, tanto amor por el drama... para mí no perdés nada. No flashes tanta historia. Arrancá con un "Hola" y vas viendo.
- No. Posta. Si quiere algo, que escriba ella.
- Amiga, no sé si hice bien en dejarlo.
- ¿Por qué dudás ahora? Decías que no estabas segura de si lo querías, que no querías tenerlo ahí enganchado si vos no sabías qué hacer... ¿no será simplemente culpa?
- Sí, pensé que quizá fuera culpa pero no sé. Sigo sin estar segura pero también me doy cuenta que lo extraño. Será por algo, ¿no? Las charlas, cómo me abrazaba, tomar mate en el balcón...
- Bueno, entonces escribile.
- Ay no, va a pensar que soy una loca que lo deja, le escribe de nuevo...
- Bueno si te sentís así a lo mejor dejarlo fue un error. La gente se equivoca, no está mal que lo reconozcas. Mandale un "Hola cómo estás" para romper el hielo y fijate qué onda.
- ¡No! Aparte, ¿qué le pongo? "Hola, soy la chiflada que te dejó la semana pasada porque no sabía qué quería, resulta que ahora te quiero pero andá a saber qué vaya a pasar la semana que viene". De verdad lo extraño pero no sé. Me da vergüenza. Seguro que en estos días me escribe así medio casual, ahí aprovecho para seguirle la conversación y vemos para dónde vamos.
- Esto no es una comedia romántica, es la vida real. Si lo querés ver, si lo extrañás, es mucho más fácil: se lo hacés saber y listo.
- No. Posta. Si quiere algo, que escriba él.
lunes, 26 de noviembre de 2018
jueves, 22 de noviembre de 2018
Humo
Tomó el cigarrillo delicadamente, ejerciendo una suave presión sobre el filtro con la punta de los dedos índice y pulgar de la mano derecha. Lo retiró del paquete sin resistencia, como Arturo sacó la espada de la piedra. El siguiente paso para él fue darle dos golpes secos contra la palma de la mano, tal como le había enseñado su primo mayor la primera vez que fumó, hacía más de veinte años.
¿Cuántos cigarrillos habrían pasado por su boca desde entonces? No importaba. Ahora, todo lo que le interesaba era ese.
Su lengua humedeció pausadamente sus labios un segundo antes de que capturara al cigarrillo entre ellos. Allí lo sostuvo mientras agitaba la cajita de fósforos para intentar adivinar, gracias al ruido, cuántos había. Pensó en un número.
Abrió la caja y vio que había acertado: quedaba uno. Su cara ejecutó una mueca que fue lo más parecido a una sonrisa que había hecho en el último tiempo. Raspó el fósforo contra el papel rugoso de la cajita y se detuvo unos segundos a contemplar la pequeña llama, antes de acercarla a su cara y prender el cigarrillo mientras le daba las primeras pitadas. Paladeó cada molécula de humo antes de tragarlo mientras echaba su cabeza hacia atrás.
Se recostó en la pared con los brazos colgando a su lado mientras sostenía el cigarrillo entre el índice y el mayor de su mano derecha. Miró hacia la nada unos segundos: diez, veinte, treinta. Volvió a llevarse el tabaco a la boca y le propinó una firme y profunda inhalación, mientras podía sentir el humo acariciar su lengua y bajar por la faringe rumbo a los pulmones.
No sintió ningún apuro en exhalar. Dejó que fuera el propio humo el que decidiera cuándo hacerse camino de regreso y volver al exterior.
Pitó de nuevo, esta vez de forma más corta, mientras sentía cómo el alquitrán bailaba con sus papilas gustativas. Dejó salir el humo por la nariz, única gracia que sabía hacer tras intentar durante muchos años, sin éxito, exhalarlo en forma de aros. Luego, echó las cenizas al suelo de manera desordenada. No había cenicero ni nada parecido.
Se cruzó de brazos mirando al piso, mientras el humo de esa pequeña chimenea en su mano se colaba entre el oxígeno que respiraba. Decidió dar las dos últimas pitadas. Largas, en cámara lenta, con la calma y la parsimonia de un artesano. Cada célula de su cuerpo estaba dedicada a disfrutar el sabor, el olor y el tacto de aquella humareda candente ingresando a su sistema.
Expulsó todo el humo que le quedaba y arrojó la colilla al suelo en un movimiento despreocupado. Recién entonces reparó en el uniformado que lo había estado observando mientras fumaba.
- Espero hayas disfrutado tu último cigarro, hijo - le dijo el alguacil, al tiempo que le colocaba los grilletes para llevarlo a la sala de ejecuciones.
¿Cuántos cigarrillos habrían pasado por su boca desde entonces? No importaba. Ahora, todo lo que le interesaba era ese.
Su lengua humedeció pausadamente sus labios un segundo antes de que capturara al cigarrillo entre ellos. Allí lo sostuvo mientras agitaba la cajita de fósforos para intentar adivinar, gracias al ruido, cuántos había. Pensó en un número.
Abrió la caja y vio que había acertado: quedaba uno. Su cara ejecutó una mueca que fue lo más parecido a una sonrisa que había hecho en el último tiempo. Raspó el fósforo contra el papel rugoso de la cajita y se detuvo unos segundos a contemplar la pequeña llama, antes de acercarla a su cara y prender el cigarrillo mientras le daba las primeras pitadas. Paladeó cada molécula de humo antes de tragarlo mientras echaba su cabeza hacia atrás.
Se recostó en la pared con los brazos colgando a su lado mientras sostenía el cigarrillo entre el índice y el mayor de su mano derecha. Miró hacia la nada unos segundos: diez, veinte, treinta. Volvió a llevarse el tabaco a la boca y le propinó una firme y profunda inhalación, mientras podía sentir el humo acariciar su lengua y bajar por la faringe rumbo a los pulmones.
No sintió ningún apuro en exhalar. Dejó que fuera el propio humo el que decidiera cuándo hacerse camino de regreso y volver al exterior.
Pitó de nuevo, esta vez de forma más corta, mientras sentía cómo el alquitrán bailaba con sus papilas gustativas. Dejó salir el humo por la nariz, única gracia que sabía hacer tras intentar durante muchos años, sin éxito, exhalarlo en forma de aros. Luego, echó las cenizas al suelo de manera desordenada. No había cenicero ni nada parecido.
Se cruzó de brazos mirando al piso, mientras el humo de esa pequeña chimenea en su mano se colaba entre el oxígeno que respiraba. Decidió dar las dos últimas pitadas. Largas, en cámara lenta, con la calma y la parsimonia de un artesano. Cada célula de su cuerpo estaba dedicada a disfrutar el sabor, el olor y el tacto de aquella humareda candente ingresando a su sistema.
Expulsó todo el humo que le quedaba y arrojó la colilla al suelo en un movimiento despreocupado. Recién entonces reparó en el uniformado que lo había estado observando mientras fumaba.
- Espero hayas disfrutado tu último cigarro, hijo - le dijo el alguacil, al tiempo que le colocaba los grilletes para llevarlo a la sala de ejecuciones.
jueves, 8 de noviembre de 2018
Caída en desgracia en Springfield
La reciente noticia sobre la remoción del personaje de Apu de Los Simpson causó una relativa conmoción. Pero, con una mano en el corazón: ¿a cuántos de nosotros nos afecta? ¿quién sigue mirando capítulos nuevos? ¿no persistimos todos en ver una y otra vez los capítulos "de siempre"? Hace años que el programa es una porquería. A partir de la décima séptima temporada el doblaje latino perdió calidad. Esto coincide con un declive en los guiones, con personajes poco atractivos como Rafa que ganaron más protagonismo y la transformación de Homero en un total imbécil sin gracia.
Ahora, la pregunta es: ¿en qué temporada comienza la debacle?
Me tomé el trabajo de graficarlo en una hoja de Excel. Las columnas son las temporadas y las filas son los capítulos de cada una. Simplemente marqué en rojo los episodios que, con total arbitrio, consideré "malos". ¿A qué me refiero con malos? Son aquellos que, si los encontrase en la tele mientras hago zapping, no miraría. Es decir que las celdas en blanco representan a capítulos tanto aceptables y buenos como mucho muy buenos y excelentes. No hice distinción en eso. Hay algunas que están en gris: es porque ciertas temporadas tienen menos episodios que las demás, así que esas no cuentan.
Aquí el gráfico:

Como vemos, hasta la undécima temporada sólo hay entre uno y tres capítulos en rojo. Incluso hay una temporada sin episodios "malos", la décima. Ojo, no quiere decir que esta sea la mejor temporada en cuanto a que tiene los mejores capítulos; solamente implica que no tiene capítulos que no miraría.
En la duodécima, el número de rojos aumenta a cuatro. Y la décima tercera ya tiene más malos que no malos. A partir de ahí, todo se vuelve horrible y tuve que parar en la décima séptima, porque estaba horrorizado con tantos capítulos de los que pasaría de largo. Pero con eso quedó clara la tendencia en alza del rojo y cómo el color se va apoderando del gráfico.
Este ¿análisis? no busca determinar cuál es la mejor temporada. Si me apuran, diría que los mejores capítulos están entre la quinta y la novena, con grandes especímenes como el del casino de Burns, el de la Venus de Milo de jalea o el de Nueva York, sólo por nombrar algunos. Creo que me quedo con la quinta.
Pero volvamos al interrogante disparador. Luego de este recorrido, podemos decir que en la temporada número trece, estrenada en América Latina allá por 2002, todo comenzó a irse al diablo, como envuelto en una alfombra y lanzado a un barranco. Después de eso, el derrumbe ya fue imposible de frenar.
Por lo tanto, el hecho de que Apu se vaya o se quede, a esta altura, nos tiene sin cuidado. Gracias, vuelvan prontos.
Ahora, la pregunta es: ¿en qué temporada comienza la debacle?
Me tomé el trabajo de graficarlo en una hoja de Excel. Las columnas son las temporadas y las filas son los capítulos de cada una. Simplemente marqué en rojo los episodios que, con total arbitrio, consideré "malos". ¿A qué me refiero con malos? Son aquellos que, si los encontrase en la tele mientras hago zapping, no miraría. Es decir que las celdas en blanco representan a capítulos tanto aceptables y buenos como mucho muy buenos y excelentes. No hice distinción en eso. Hay algunas que están en gris: es porque ciertas temporadas tienen menos episodios que las demás, así que esas no cuentan.
Aquí el gráfico:

Como vemos, hasta la undécima temporada sólo hay entre uno y tres capítulos en rojo. Incluso hay una temporada sin episodios "malos", la décima. Ojo, no quiere decir que esta sea la mejor temporada en cuanto a que tiene los mejores capítulos; solamente implica que no tiene capítulos que no miraría.
En la duodécima, el número de rojos aumenta a cuatro. Y la décima tercera ya tiene más malos que no malos. A partir de ahí, todo se vuelve horrible y tuve que parar en la décima séptima, porque estaba horrorizado con tantos capítulos de los que pasaría de largo. Pero con eso quedó clara la tendencia en alza del rojo y cómo el color se va apoderando del gráfico.
Este ¿análisis? no busca determinar cuál es la mejor temporada. Si me apuran, diría que los mejores capítulos están entre la quinta y la novena, con grandes especímenes como el del casino de Burns, el de la Venus de Milo de jalea o el de Nueva York, sólo por nombrar algunos. Creo que me quedo con la quinta.
Pero volvamos al interrogante disparador. Luego de este recorrido, podemos decir que en la temporada número trece, estrenada en América Latina allá por 2002, todo comenzó a irse al diablo, como envuelto en una alfombra y lanzado a un barranco. Después de eso, el derrumbe ya fue imposible de frenar.
Por lo tanto, el hecho de que Apu se vaya o se quede, a esta altura, nos tiene sin cuidado. Gracias, vuelvan prontos.
lunes, 5 de noviembre de 2018
Como si nada, entró al subte ese grupito de cinco, todos disfrazados. Alf, Superman, Bob Esponja, el Genio de Aladdín y Pikachu. Empezaron a interactuar entre ellos a los gritos y armaron una escena absurda en aquel viaje de media tarde.
Él estaba apoyado contra una de las puertas del lado del que no se abren, mirando la situación de cerca. Primero, con un poco de sorpresa, hasta que el esfuerzo por contener la risa le impuso una mueca rarísima, con los labios formando una especie de letra S acostada. Instintivamente necesitó no sentirse solo antes de largar la carcajada y buscó con la mirada un cómplice para poder reírse juntos.
Repasó a los pasajeros cercanos. El tipo de barba iba concentrado en su libro. La mina de campera roja estaba protegida del mundo por sus auriculares. La vieja sólo estaba preocupada por abrazar a su cartera.
Hasta que la vio y se cruzaron sus miradas.
Ella tenía la misma mueca de carcajada reprimida pero sus ojos ya se estaban riendo. Por una razón que él no podía explicar, la complicidad que sintió en esa mirada le dio la sensación de que se conocían desde siempre.
Tanto, que empezó a recordar cosas que aún no habían sucedido.
Pensó en esa noche de verano que pasaron tirados en el piso de la terraza a pura risa y estrellas. Recordó aquel viaje a España, donde vieron el atardecer en el mar en Finisterre.
Se rieron juntos de ese grupo de disfrazados en el subte y ella se quedó mirándolo con una sonrisa.
Ese gesto le trajo a la cabeza más cosas que todavía no habían vivido, como el día en que ella se recibió y festejaron bajo la lluvia. O los sánguches que comían en el puestito de aquella plaza y él siempre se olvidaba de pedir el suyo sin tomate. Las peleas que terminaban en abrazos.
Alf y Bob esponja se pusieron a cantar. Ella empezó a imitarlos haciendo la mímica, mientras no dejaba de sonreírle con ese brillo en los ojos.
Él recordó ahí el día en que adoptaron a Pipo, hermoso ejemplar de raza puro perro. Y cómo ella se aguantaba esas películas aburridísimas que le gustaban a él sólo por hacerle el aguante. También aparecieron en su cabeza aquellas tardes echados en el sillón, con ella leyendo con la cabeza apoyada en su regazo y él acariciando sus cabellos.
El subte se detuvo y las puertas se abrieron. Sin dejar de sonreír, ella le dedicó una última mirada y se bajó.
Él estaba apoyado contra una de las puertas del lado del que no se abren, mirando la situación de cerca. Primero, con un poco de sorpresa, hasta que el esfuerzo por contener la risa le impuso una mueca rarísima, con los labios formando una especie de letra S acostada. Instintivamente necesitó no sentirse solo antes de largar la carcajada y buscó con la mirada un cómplice para poder reírse juntos.
Repasó a los pasajeros cercanos. El tipo de barba iba concentrado en su libro. La mina de campera roja estaba protegida del mundo por sus auriculares. La vieja sólo estaba preocupada por abrazar a su cartera.
Hasta que la vio y se cruzaron sus miradas.
Ella tenía la misma mueca de carcajada reprimida pero sus ojos ya se estaban riendo. Por una razón que él no podía explicar, la complicidad que sintió en esa mirada le dio la sensación de que se conocían desde siempre.
Tanto, que empezó a recordar cosas que aún no habían sucedido.
Pensó en esa noche de verano que pasaron tirados en el piso de la terraza a pura risa y estrellas. Recordó aquel viaje a España, donde vieron el atardecer en el mar en Finisterre.
Se rieron juntos de ese grupo de disfrazados en el subte y ella se quedó mirándolo con una sonrisa.
Ese gesto le trajo a la cabeza más cosas que todavía no habían vivido, como el día en que ella se recibió y festejaron bajo la lluvia. O los sánguches que comían en el puestito de aquella plaza y él siempre se olvidaba de pedir el suyo sin tomate. Las peleas que terminaban en abrazos.
Alf y Bob esponja se pusieron a cantar. Ella empezó a imitarlos haciendo la mímica, mientras no dejaba de sonreírle con ese brillo en los ojos.
Él recordó ahí el día en que adoptaron a Pipo, hermoso ejemplar de raza puro perro. Y cómo ella se aguantaba esas películas aburridísimas que le gustaban a él sólo por hacerle el aguante. También aparecieron en su cabeza aquellas tardes echados en el sillón, con ella leyendo con la cabeza apoyada en su regazo y él acariciando sus cabellos.
El subte se detuvo y las puertas se abrieron. Sin dejar de sonreír, ella le dedicó una última mirada y se bajó.
martes, 30 de octubre de 2018
Iba caminando muy apurado, esquivando paraguas y baldosas flojas, preocupado porque estaba llegando tarde a crossfit.
Después de diez minutos de veloz caminata, me tranquilicé al recordar que yo no voy a crossfit.
La sensación de alivio fue enseguida reemplazada por la alarma: si no era a crossfit, ¿a dónde iba entonces?
Después de diez minutos de veloz caminata, me tranquilicé al recordar que yo no voy a crossfit.
La sensación de alivio fue enseguida reemplazada por la alarma: si no era a crossfit, ¿a dónde iba entonces?
lunes, 29 de octubre de 2018
El rugby del fin del mundo
Entre los habitantes de la provincia de
Tierra del Fuego, la más meridional de Argentina, hay un millar de
valientes que desafían al duro clima y al hostil territorio para
disfrutar del rugby
Agustín Avenali
Madrid, 12.209 kilómetros. Buenos Aires, 2.347. Nueva York, 10.602. Polo Norte, 16.074. El cartel en el centro de la ciudad de Ushuaia que mide las distancias a otras urbes del mundo nos da una idea de lo extremo de este lugar, la ciudad más austral del planeta. La llaman “El fin del mundo”, aunque bien podría ser el principio. Y por supuesto aquí, en la provincia argentina de Tierra del Fuego, también se juega al rugby.
La Unión del Rugby de Tierra del Fuego fue fundada en 2000 y es una de las más jóvenes del país. Pero el oval bota en estos duros campos desde hace tiempo. La década del 80 vio nacer a los clubes pioneros: Ushuaia Rugby Club, en la capital; y Río Grande Rugby & Hockey Club, en la ciudad homónima situada 210 kilómetros al norte.
Los siguientes se sumaron ya en este milenio: Universitario y Turu de Río Grande; y Colegio del Sur, Las Águilas, Las Orcas y Los Gallos en Ushuaia. El benjamín de la isla es el Tolhuin Rugby Club, en la localidad de ese nombre, que se encuentra justo a medio camino entre las dos grandes ciudades de la provincia.
Una de las particularidades del rugby fueguino es que se juega a contramano de la temporada habitual del Hemisferio Sur: en lugar de hacerlo entre marzo y octubre, los campeonatos se disputan entre septiembre y diciembre y entre febrero y abril. Claro, hay que evitar el crudo y húmedo invierno, cuando las temperaturas bajan tranquilamente del cero y los campos de juego se congelan, se inundan o se cubren de nieve.
Hablando de las canchas, los clubes más grandes pueden darse el lujo de mantenerlas cuidadas y poder disfrutar de una verde alfombra rodeada de hermoso paisaje patagónico. Otros no corren con la misma suerte y disputan sus partidos en canchas de tierra dura con piedras y casi nada de vegetación, donde placar es sólo para valientes y los que se animan dejan literalmente la piel en cada acción. Además, la ferocidad del viento puede cambiar implacablemente el curso de la pelota (y del partido).
La provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur cuenta con unos 160 mil habitantes. La mayoría de ellos prefiere, entre los deportes de equipo, actividades indoor como futsal, voleibol o baloncesto. Sin embargo, cientos de hombres y mujeres (las chicas tienen su torneo oficial desde 2018) le hacen frente al helado viento patagónico y entrenan once meses al año para jugar, en el mejor de los casos, unos 22 partidos de rugby, en caso de que llegan a las finales. Si eso no es amor a la ovalada, que alguien me explique qué es…
Y puede que sean pocos, puede que estén lejos, pero los fueguinos están muy presentes en el mapa del rugby argentino. Ushuaia fue dos veces sede de encuentros del Americas Rugby Championship, cuando Argentina XV recibió a Brasil y Chile en el estadio Agustín Pichot en 2017 y 2018, respectivamente. Además, su seleccionado mayor es el último campeón del Súper 9, el torneo de uniones provinciales en desarrollo. Lenga 7, el representativo de siete jugadores, siempre es protagonista en cada torneo que juegue.
Si de seven se trata, cada año hay una cita obligada en Ushuaia, que se viste de gala para vivir el tradicional Seven del Fin del Mundo. El torneo se juega en casa del Ushuaia Rugby Club y va por su trigésimo segunda edición, a jugarse el próximo diciembre. A lo largo de su historia brillaron Pumas como Marcelo Loffreda, el Chapa Branca y Agustín Pichot y dirigieron árbitros de talla internacional como Efraim Sklar y Pablo Deluca. Una fija en el calendario de rugby a siete nacional que es todo un símbolo de la provincia y una marca turística reconocida.
Los discípulos de William Webb Ellis se aseguraron de que su creación llegase a cada rincón del planeta. Pese a las latitudes, al terreno, al clima y a todo lo que amenace con detenerlo, el rugby fueguino está más vivo que nunca, aquí donde termina el mundo. O donde comienza.
Los discípulos de William Webb Ellis se aseguraron de que su creación llegase a cada rincón del planeta. Pese a las latitudes, al terreno, al clima y a todo lo que amenace con detenerlo, el rugby fueguino está más vivo que nunca, aquí donde termina el mundo. O donde comienza.
lunes, 8 de octubre de 2018
Haga lo que se le pide, señora
Podemos debatir largo y tendido sobre la legitimidad de las monarquías. Aquí aparecerán los seguidores de Thomas Hobbes o los partidarios de Luis XIV, también conocido como Leonardo DiCaprio.
Algunas cuentan con amplio apoyo popular como las de Noruega o Dinamarca mientras que a otras, como a la Corona de la Araucanía y la Patagonia, nadie les lleva el apunte.
Hay reinados que nadie discute, siendo el más destacado el de Carlitos, el rey del panqueque. Ningún súbdito osaría poner en duda la legitimidad de su autoridad sobre esta masa dulce o salada. Ninguno.
Sin embargo, hay un trono para el que existen miles de aspirantes, sin que se haya llegado a un acuerdo. Todos los barrios tienen a alguien que se considera digno de portar esa corona. Una larga lista de personas que se jactan de ser quienes tienen la última palabra en la materia. Se adjudican el título sin ponerse colorados y lo gritan a los cuatro vientos. Hablamos, claro, del rey del sánguche de miga.
Algunas cuentan con amplio apoyo popular como las de Noruega o Dinamarca mientras que a otras, como a la Corona de la Araucanía y la Patagonia, nadie les lleva el apunte.
Hay reinados que nadie discute, siendo el más destacado el de Carlitos, el rey del panqueque. Ningún súbdito osaría poner en duda la legitimidad de su autoridad sobre esta masa dulce o salada. Ninguno.
Sin embargo, hay un trono para el que existen miles de aspirantes, sin que se haya llegado a un acuerdo. Todos los barrios tienen a alguien que se considera digno de portar esa corona. Una larga lista de personas que se jactan de ser quienes tienen la última palabra en la materia. Se adjudican el título sin ponerse colorados y lo gritan a los cuatro vientos. Hablamos, claro, del rey del sánguche de miga.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Ojos
Si hablamos sólo de lo que se ve, la morocha tiene al menos una docena de detalles que llamarían la atención de cualquier tipo. Al menos una docena, eh.
Pero a mí me gustan sus ojos. Oscuros, grandes, brillantes, una hermosa herencia de su sangre de Medio Oriente. Pestañas largas y arqueadas que te saludan con cada parpadeo. No hay forma de no quedar hipnotizado por esos ojos. Con esos mismos ojos, me dijo que los míos eran de sol.
Igual, ahora que escribo, me doy cuenta de que si bien me gustan sus ojos, más me gusta su mirada. Profunda, penetrante, inteligente, sensual. Una mirada musical, que canta. Una mirada que sonríe, aunque su boca se quede quieta. Una mirada que te invita también a sonreír. Que te invita a soñar...
Pero un día no me quiso mirar más.
Pero a mí me gustan sus ojos. Oscuros, grandes, brillantes, una hermosa herencia de su sangre de Medio Oriente. Pestañas largas y arqueadas que te saludan con cada parpadeo. No hay forma de no quedar hipnotizado por esos ojos. Con esos mismos ojos, me dijo que los míos eran de sol.
Igual, ahora que escribo, me doy cuenta de que si bien me gustan sus ojos, más me gusta su mirada. Profunda, penetrante, inteligente, sensual. Una mirada musical, que canta. Una mirada que sonríe, aunque su boca se quede quieta. Una mirada que te invita también a sonreír. Que te invita a soñar...
Pero un día no me quiso mirar más.
jueves, 30 de agosto de 2018
Me invitaron a una fiesta
Seguramente recordás al Power Ranger verde. Tommy. Sí, el del dragón. Era uno que había llegado más tarde, que no formaba parte del elenco regular, que no compartía todo con les otres cinco.
En los grupos de amigues muchas veces también hay une Power Ranger verde. Es ese que aparece siempre para los cumpleaños y algunas otras juntadas, pero en la mayoría pega el faltazo. ¿Los motivos? Tiene otro grupo en paralelo, vive lejos, trabaja en horarios raros, su pareja no le deja salir... A veces, llega hasta ni siquiera contestar en guasap y clava el visto creyendosé impune. También depende del grupo: hay quienes son Power Ranger verde en uno y azul en otro.
De todas formas, son gente querida porque de alguna manera forman parte y siempre se les sigue invitando, aunque ya parezca una causa perdida.
¿Quién es le Power Ranger verde de tu grupo?
Ojo, porque también podés ser vos.
viernes, 17 de agosto de 2018
De bochas, Jaguares y Pumas
La llegada de Mario Ledesma a Jaguares convirtió a un equipo inconexo y desconcentrado en contendiente en los 'playoffs' del Super Rugby. ¿Tendrá el mismo efecto en Argentina?
Tras la buena actuación de la selección argentina en la Copa del Mundo 2015 disputada en suelo inglés, las expectativas sobre el debut de Jaguares en el Super Rugby al año siguiente eran altísimas. Algunas voces decían que se trataba sencillamente de “Los Pumas con otra camiseta”, lo que le daría un poderío superior frente a equipos de otros países, donde los internacionales se dividen entre varias franquicias. Por ello, estaban destinados a ganar el torneo de punta a punta. Otros, en cambio, pedían cautela.
Pronto, los pronósticos más optimistas comenzaron a desmoronarse por su propio peso. Los interminables viajes descontrolaron los relojes biológicos de los jugadores. El vertiginoso ritmo de juego planteado rifaba la posesión de la pelota y hacía que se estuviera defendiendo la mayoría del tiempo. Las infracciones y las consiguientes tarjetas iban en aumento. Cansancio. Hastío. Cabezas gachas que no encontraban la forma de levantarse. El público, que había acompañado bien en Vélez desde el comienzo, empezó a soltar la mano.
Luego, llegaron las críticas a la actitud. Claro: Argentina, sangre caliente, latina… no cabe en nuestra cabeza jugar simplemente por dinero representando a una fría franquicia. No estaba el amor por la camiseta, la pasión de jugar acompañado por los amigos del club ni la mística del yaguareté en el pecho.
Fueron dos primeros años duros de aprendizaje, adaptación y resultados que no acompañaban. Lo peor: todos estos problemas se trasladaban a Los Pumas. 19 derrotas y 6 victorias fue el saldo post mundial del seleccionado hasta la ventana de noviembre de 2017.
En eso llegó Mario Ledesma, veterano de 84 caps con la celeste y blanca, cuatro mundiales, Puma de Bronce en 2007, diez años jugando en Europa. A su pasado como jugador suma una jugosa carrera con el buzo de entrenador: colaboró con Fabien Galthié en Montpellier y acompañó a Michael Cheika en Stade Français, Waratahs y Wallabies. Un viejo conocedor del adentro con ideas frescas traídas de afuera.
Super Mario puso orden al vértigo que traía Jaguares. Buscó recuperar algunas viejas armas del rugby argentino (aunque la melé sigue en deuda), mejorar la disciplina, crear nuevos liderazgos en el plantel con el cambio de capitanía, ampliar la base de jugadores y, especialmente, generar un nuevo sentido de pertenencia. Rápidamente se reflejó en los resultados: primera clasificación a los playoffs y primera temporada con saldo positivo de victorias (nueve, contra ocho derrotas).
Más allá de los números, lo mejor fue el cómo: se vio a un equipo sólido, con algunas caras nuevas y buenos rendimientos de los que ya estaban. Un grupo que mostró que estaba para algo serio tras la exitosa gira por Oceanía, con victorias bien construidas ante Rebels, Brumbies, Blues y Chiefs; y luego mantuvo su imagen ante el público del Amalfitani, que colmó las gradas como nunca.
Sin embargo, pese al fuerte envión anímico, la ventana de junio de este año fue de mal en peor para este mismo grupo de jugadores vistiendo la camiseta de Los Pumas. Doble caída ante Gales y, tras el anuncio de la renuncia de Daniel Hourcade, la derrota por el mayor margen histórico frente a Escocia.
Esto aceleró la llegada de Ledesma al banquillo de Los Pumas, algo que quizá estaba en mente de la dirigencia para un futuro cercano. En principio conducirá al equipo hasta 2021 y allí se revisará su gestión. El ex talonador planteó los mismos principios para el seleccionado que Jaguares: trabajo y actitud. Pero parece que no le será tan fácil revertir los malos resultados como en la franquicia.
¿Por qué? El Rugby Championship que comienza este fin de semana es un torneo infinitamente más duro e intenso. Se enfrenta a las tres súper potencias del Hemisferio Sur, incluyendo a los por ahora invencibles All Blacks.
Una de las principales diferencias con estos equipos es la base de jugadores. Nueva Zelanda tiene cinco franquicias de donde elegir; Australia, tres; Sudáfrica, cuatro en el Super Rugby, dos en el Pro14, más los jugadores que se desempeñan en Francia e Inglaterra. Mientras tanto, Argentina sólo cuenta con el plantel de Jaguares, más algún europeo que, previa aprobación del Consejo de la UAR, sea pedido por el entrenador ante un caso de fuerza mayor. Para el debut en el torneo, el único convocado por esa vía es el pilar Juan Chipi Figallo, del Saracens inglés.
De esta forma los titulares argentinos llegan con muchos minutos acumulados mientras que los reservas tienen poco rodaje, ya que también son suplentes con la camiseta naranja de la franquicia. He aquí otra diferencia con los rivales: ellos cuentan con mayor calidad en sus banquillos, por eso muchas veces parece que los partidos de Los Pumas se dividen en dos partes. Una, los primeros 55 o 60 minutos, cuando los titulares juegan de igual a igual ante las potencias; y otra, cuando llegan las sustituciones y el equipo queda descompensado.
A corto plazo, la solución parecería ser convocar a todos los que juegan en Europa y listo. Pero no es tan sencillo, porque los clubes están en plena temporada y las negociaciones para liberarlos se ponen duras. Además, sería sólo un parche. El Bocha y su equipo, que cuenta también con Gonzalo Quesada, planean seguir ampliando la base de rugbiers en la órbita de la UAR, darle experiencia a los jóvenes y que nadie tenga el puesto ganado. Pero para eso se necesita tiempo, y los argentinos somos un poco exitistas y queremos resultados ya.
Aunque resulte tentador ilusionarse con la presencia de Ledesma y la posibilidad de un Rugby Championship colmado de victorias y grandes actuaciones, será mejor bajar la vara y poner el foco en armar un plantel completo, con varias opciones por puesto. Porque con sólo 15 buenos titulares será muy probable volverse temprano de Japón el año que viene.
http://www.revistah.org/analisis/bochas-jaguares-pumas/
Tras la buena actuación de la selección argentina en la Copa del Mundo 2015 disputada en suelo inglés, las expectativas sobre el debut de Jaguares en el Super Rugby al año siguiente eran altísimas. Algunas voces decían que se trataba sencillamente de “Los Pumas con otra camiseta”, lo que le daría un poderío superior frente a equipos de otros países, donde los internacionales se dividen entre varias franquicias. Por ello, estaban destinados a ganar el torneo de punta a punta. Otros, en cambio, pedían cautela.
Pronto, los pronósticos más optimistas comenzaron a desmoronarse por su propio peso. Los interminables viajes descontrolaron los relojes biológicos de los jugadores. El vertiginoso ritmo de juego planteado rifaba la posesión de la pelota y hacía que se estuviera defendiendo la mayoría del tiempo. Las infracciones y las consiguientes tarjetas iban en aumento. Cansancio. Hastío. Cabezas gachas que no encontraban la forma de levantarse. El público, que había acompañado bien en Vélez desde el comienzo, empezó a soltar la mano.
Luego, llegaron las críticas a la actitud. Claro: Argentina, sangre caliente, latina… no cabe en nuestra cabeza jugar simplemente por dinero representando a una fría franquicia. No estaba el amor por la camiseta, la pasión de jugar acompañado por los amigos del club ni la mística del yaguareté en el pecho.
Fueron dos primeros años duros de aprendizaje, adaptación y resultados que no acompañaban. Lo peor: todos estos problemas se trasladaban a Los Pumas. 19 derrotas y 6 victorias fue el saldo post mundial del seleccionado hasta la ventana de noviembre de 2017.
En eso llegó Mario Ledesma, veterano de 84 caps con la celeste y blanca, cuatro mundiales, Puma de Bronce en 2007, diez años jugando en Europa. A su pasado como jugador suma una jugosa carrera con el buzo de entrenador: colaboró con Fabien Galthié en Montpellier y acompañó a Michael Cheika en Stade Français, Waratahs y Wallabies. Un viejo conocedor del adentro con ideas frescas traídas de afuera.
Super Mario puso orden al vértigo que traía Jaguares. Buscó recuperar algunas viejas armas del rugby argentino (aunque la melé sigue en deuda), mejorar la disciplina, crear nuevos liderazgos en el plantel con el cambio de capitanía, ampliar la base de jugadores y, especialmente, generar un nuevo sentido de pertenencia. Rápidamente se reflejó en los resultados: primera clasificación a los playoffs y primera temporada con saldo positivo de victorias (nueve, contra ocho derrotas).
Más allá de los números, lo mejor fue el cómo: se vio a un equipo sólido, con algunas caras nuevas y buenos rendimientos de los que ya estaban. Un grupo que mostró que estaba para algo serio tras la exitosa gira por Oceanía, con victorias bien construidas ante Rebels, Brumbies, Blues y Chiefs; y luego mantuvo su imagen ante el público del Amalfitani, que colmó las gradas como nunca.
Sin embargo, pese al fuerte envión anímico, la ventana de junio de este año fue de mal en peor para este mismo grupo de jugadores vistiendo la camiseta de Los Pumas. Doble caída ante Gales y, tras el anuncio de la renuncia de Daniel Hourcade, la derrota por el mayor margen histórico frente a Escocia.
Esto aceleró la llegada de Ledesma al banquillo de Los Pumas, algo que quizá estaba en mente de la dirigencia para un futuro cercano. En principio conducirá al equipo hasta 2021 y allí se revisará su gestión. El ex talonador planteó los mismos principios para el seleccionado que Jaguares: trabajo y actitud. Pero parece que no le será tan fácil revertir los malos resultados como en la franquicia.
¿Por qué? El Rugby Championship que comienza este fin de semana es un torneo infinitamente más duro e intenso. Se enfrenta a las tres súper potencias del Hemisferio Sur, incluyendo a los por ahora invencibles All Blacks.
Una de las principales diferencias con estos equipos es la base de jugadores. Nueva Zelanda tiene cinco franquicias de donde elegir; Australia, tres; Sudáfrica, cuatro en el Super Rugby, dos en el Pro14, más los jugadores que se desempeñan en Francia e Inglaterra. Mientras tanto, Argentina sólo cuenta con el plantel de Jaguares, más algún europeo que, previa aprobación del Consejo de la UAR, sea pedido por el entrenador ante un caso de fuerza mayor. Para el debut en el torneo, el único convocado por esa vía es el pilar Juan Chipi Figallo, del Saracens inglés.
De esta forma los titulares argentinos llegan con muchos minutos acumulados mientras que los reservas tienen poco rodaje, ya que también son suplentes con la camiseta naranja de la franquicia. He aquí otra diferencia con los rivales: ellos cuentan con mayor calidad en sus banquillos, por eso muchas veces parece que los partidos de Los Pumas se dividen en dos partes. Una, los primeros 55 o 60 minutos, cuando los titulares juegan de igual a igual ante las potencias; y otra, cuando llegan las sustituciones y el equipo queda descompensado.
A corto plazo, la solución parecería ser convocar a todos los que juegan en Europa y listo. Pero no es tan sencillo, porque los clubes están en plena temporada y las negociaciones para liberarlos se ponen duras. Además, sería sólo un parche. El Bocha y su equipo, que cuenta también con Gonzalo Quesada, planean seguir ampliando la base de rugbiers en la órbita de la UAR, darle experiencia a los jóvenes y que nadie tenga el puesto ganado. Pero para eso se necesita tiempo, y los argentinos somos un poco exitistas y queremos resultados ya.
Aunque resulte tentador ilusionarse con la presencia de Ledesma y la posibilidad de un Rugby Championship colmado de victorias y grandes actuaciones, será mejor bajar la vara y poner el foco en armar un plantel completo, con varias opciones por puesto. Porque con sólo 15 buenos titulares será muy probable volverse temprano de Japón el año que viene.
http://www.revistah.org/analisis/bochas-jaguares-pumas/
viernes, 10 de agosto de 2018
Giuda ballerino!
Este edificio sobre la calle Defensa, construido por la vieja Unión Telefónica a finales de la década del 20, posee una hermosa fachada. Sin embargo, al ser la calle tan angosta, no se cuenta con un ángulo propicio para admirarla en todo su esplendor.
¿Puede existir entonces la belleza sin que nadie la aprecie? ¿Dónde radica la belleza? ¿En el elemento apreciado o en la sensibilidad de quien observa?
jueves, 2 de agosto de 2018
¿Era tan difícil?
De pronto, Victoria se aburrió y decidió volver a su casa. Se despidió de sus amigas, salió del boliche y como no tenía plata para un taxi caminó un par de cuadras hasta la parada del bondi.
Hacía mucho frío y las piernas no dejaban de temblarle. ¿Justo esa noche se iba a poner vestido más corto que tenía, ese con la espalda descubierta? Al menos había tomado bastante y eso disimulaba un poco las bajas temperaturas.
Un viejo de aspecto desaliñado y olor a varios días sin una ducha se cruzó de vereda para acercarse a ella.
- ¿Hace mucho esperás el 14? Le preguntó.
- Y, hará veinte minutos...
- Mirá que el primero viene como a las seis de la mañana, eh.
Victoria decidió que no quería esperar tanto y volvió, tambaleándose un poco, hasta la cuadra del boliche a ver si alguien la podía alcanzar. Le hizo señas a un 207 oscuro que pasaba despacito con la música electrónica sonando fuerte a través de las ventanillas bajas. Tres pibes la saludaron desde adentro.
- Hola, ¿van para el lado de la autopista?
- Sí, dale, te llevamos... subí.
Sin mirar la patente del auto ni prestarles mucha atención a los ocupantes, se sentó atrás y le dio su dirección al que manejaba.
Hicieron todo el camino charlando y riéndose. Los pibes la dejaron en la puerta de la casa y se fueron. Ella entró a su casa, y, sin avisarles a sus amigas que había llegado bien, se desplomó de cansancio sobre su cama.
No, no es tan difícil...
lunes, 30 de julio de 2018
La Plata es una ciudad hecha de sueños,
desde aquel loco que la soñó en medio de estas pampas para cumplir su
sueño de ser presidente. Alberga los sueños de los albañiles italianos y
de los masones que le dieron forma. Los sueños de los nacidos y criados
y de los que vinieron a estudiar. Los de aquellos que sueñan con
hacerla más y más linda, de los que se sueñan caminando sus empedrados
siendo viejitos y de los que la extrañan desde los rincones del mundo
adonde los llevaron sus sueños.
viernes, 27 de julio de 2018
Iba a dar vuelta la ciudad
Así como muchas cosas hoy funcionan a base de "reviews" o comentarios de
usuarios anteriores, pensé en cómo sería un sistema de referencias de
exparejas.
Cada cual tendría una especie de perfil donde sus sucesivas parejas (ya sean algo largo o una breve aventura) puedan dejar comentarios o algún puntaje sobre la persona.
Podrían ser cosas como "es una persona tierna y atenta a mis necesidades emocionales", "no baja la tapa del inodoro" o "siempre llega tarde". En casos más profundos, podrían alertar sobre personas violentas, costumbres negativas para con los demás y sus formas de relacionarse.
¿Funcionaría algo así? ¿Le prestarías atención a las revisiones sobre la persona que acabás de conocer o preferirías vivir tu propia experiencia? ¿Qué creés que escribirían sobre vos?
Cada cual tendría una especie de perfil donde sus sucesivas parejas (ya sean algo largo o una breve aventura) puedan dejar comentarios o algún puntaje sobre la persona.
Podrían ser cosas como "es una persona tierna y atenta a mis necesidades emocionales", "no baja la tapa del inodoro" o "siempre llega tarde". En casos más profundos, podrían alertar sobre personas violentas, costumbres negativas para con los demás y sus formas de relacionarse.
¿Funcionaría algo así? ¿Le prestarías atención a las revisiones sobre la persona que acabás de conocer o preferirías vivir tu propia experiencia? ¿Qué creés que escribirían sobre vos?
domingo, 8 de julio de 2018
De película: en Australia, un cine centenario bajo las estrellas
Ir al cine en otro país siempre es una experiencia enriquecedora. Algo conocido pero que a la vez tiene pequeñas diferencias de acuerdo a la cultura local. Mucho más si vamos al Sun Pictures, el cine a cielo abierto más antiguo y aún en funcionamiento del mundo.
La localidad de Broome, con 14.000 habitantes, es el mayor centro poblado de la región de Kimberley, en el noroeste australiano. Nació a fines del siglo XIX como puerto perlero y pronto atrajo a inmigrantes asiáticos dispuestos a sumergirse en las profundidades para extraer esos blancos tesoros del mar.
La elite de origen británico decidió que necesitaba un entretenimiento para sobrellevar el difícil clima tropical. Así, en diciembre de 1916 se proyectaba Kissing Cup, película muda que inauguraba este cine con capacidad para 500 personas. Parte del recinto estaba bajo techo, pero la mayoría se sentaba bajo las estrellas.
En 2004, Sun Pictures ingresó al Libro Guinness de los Récords por ser el Cine a cielo abierto más antiguo en funcionamiento. Hoy, proyecta dos películas por día y goza de excelente salud.

La estación húmeda de Broome, que va de octubre a marzo, estaba llegando a su fin, pero el aire aún se sentía pesado y el calor sofocaba. En esa época del año, el día se pasa esperando a que anochezca y sea un poco más fácil respirar. De pronto, sonó el teléfono y un mensaje de una compañera de trabajo (donde yo hacía entonces una experiencia de work and holiday) cortó el sopor de la tarde: "¿Vamos al cine?".
Llegamos media hora antes del comienzo de Operación Red Sparrow, con Jennifer Lawrence poniéndole el cuerpo a una espía rusa. Tras la puerta, un pequeño museo daba la bienvenida. De las paredes de chapa canaleta, típicas de Broome, colgaban pósteres de películas clásicas. Proyectores y butacas de tiempos de la fundación completaban el rincón nostálgico.
Unos pasos adelante, el cine. Un terreno largo, de unos 40 metros. Poco menos de la mitad, techados. El resto, a cielo abierto, con los asientos sobre el piso de ladrillos rojos. Al fondo, justo antes de la gran pantalla, un jardín con pasto.

Sun Pictures acompañó las idas y venidas de Broome. Fue testigo de cómo hasta 1967 la segregación racial determinaba quién se sentaba dónde. Los blancos de clase alta se ubicaban en el medio, en sillas con almohadones. Chinos y japoneses detrás, en asientos de madera. Blancos pobres a la izquierda y aborígenes y otros asiáticos a la derecha, tras un cerco.

Cuando Broome fue bombardeada por los japoneses en la Segunda Guerra, el cine fue utilizado por los soldados australianos enviados a defender las costas. Y hasta 1974, las inundaciones por la marea eran algo de todos los días. Un terraplén solucionó el problema y los tiempos de mirar una película con peces nadando entre los pies quedaron atrás.
Era un martes de temporada baja así que la concurrencia no llegaba a las cincuenta personas. Mientras el olor a pochoclo del puestito de comida empezaba a colmar el ambiente, nos sentamos en el pasto, bien cerca de la pantalla. Grave error: el jardín era territorio de los mosquitos y en menos de un minuto ya se habían dado una panzada con nuestra sangre.
Terminamos eligiendo una ubicación por el medio, sin techo. Justo lo que buscábamos. Las butacas eran reposeras de madera con asientos de lona, inclinadas en un ángulo muy cómodo.
La película terminó, algunos aplaudieron (no entiendo por qué la gente hace eso en el cine) y lentamente abandonamos el recinto, felices de disfrutar una película bajo el oscuro cielo de Broome.
https://www.lanacion.com.ar/2150640-en-el-lejano-oeste-de-australia-un-cine-centenario-bajo-las-estrellas
viernes, 6 de julio de 2018
Iván Pavlov no lo sabía, pero su perro también era un científico. El experimento del can consistía en mover la cola y mostrarse contento cada vez que Pavlov ingresaba a la casa. Así, una tarde, se dio cuenta de que el humano ya se ponía contento de antemano al abrir la puerta, pues esperaba su cálido recibimiento: su corazón empezaba a latir con más fuerza y una sonrisa pintaba de felicidad su rostro. Conclusión del perro: Pavlov estaba condicionado.
jueves, 5 de julio de 2018
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